La integración de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en el ámbito educativo es uno de los principales retos que nos quedan por conquistar a los profesores, muchos no estamos formados de manera adecuada y otros sí lo están, pero los recursos del centro o de los alumnos no son los adecuados para poder aplicarlos plenamente.
El buen uso de las TICs va más allá de usar una mera herramienta, si no que tienen que servir para transformar por completo la práctica docente y que el alumno sea el verdadero protagonista de su aprendizaje, mientras que el docente sea el encargado de guiar, como Gandalf en el Señor de los anillos. El profesor se tiene que convertir en el "viejo anciano", denominado así en el mundo cinematográfico.
Su incorporación en el aula demanda no solo acceso tecnológico, sino también una reflexión crítica y fundamentada sobre su uso pedagógico.Un ejemplo fue como la tecnología nos salvó durante la época COVID, pero muchos docentes y centros no estaban preparados tecnológicamente para afrontar ese gran reto, ahí se vio la importancia de las herramientas tecnológicas, pero también la carencia que tenemos dentro del mundo educativo con ellas.
Diversos autores han subrayado que la eficacia de las TIC en el aprendizaje depende más del enfoque pedagógico que de la herramienta en sí. Selwyn (2016) advierte que la tecnología educativa suele ser sobrevalorada cuando se asume como solución automática a los problemas escolares, sin considerar las dimensiones sociales, culturales y formativas que condicionan su uso. Su opinión es muy acercada, porque el contexto socioeconómico que rodea al alumno es fundamental para poder aplicar nuevas metodologías activas que conlleven el uso de TICs, como la "clase invertida". Si el alumno no cuenta con un ordenador en casa, difícilmente se podrá aplicar, aumentando la brecha digital.
La brecha digital genera desigualdades en el acceso a las actividades que presenta el docente. Por otro lado, la falta de formación docente dificulta el aprovechamiento pleno de los recursos disponibles. En el año 2020, la UNESCO señalaba que el desarrollo de competencias digitales es un requisito esencial para garantizar una educación inclusiva y de calidad en la sociedad del conocimiento. Por ello, la integración de TIC debe ser acompañada de políticas de capacitación continua, infraestructuras adecuadas y modelos pedagógicos que promuevan un uso responsable y reflexivo. Las aulas tienen que estar preparadas para el uso de estas tecnologías, como la pizarra interactiva, pero los docentes y alumnos también tenemos que estar preparados. Esto es como si le compras un Ferrari a un bebe que no sabe ni hablar, pues tampoco sabrá conducirlo y no podrá aprovechar todas sus ventajas.
También, hay que tener en cuenta que la presencia de dispositivos digitales no garantiza mejoras directas en el rendimiento académico, sino que requiere un replanteamiento profundo de los métodos de enseñanza y de las competencias docentes. Por ello, el docente debe saber cómo aplicarlas, con qué fin y objetivos y realizarlo de forma óptima.
Leyendo a algunos autores, Mishra y Koehler (2006) proponen el modelo TPACK, que destaca la importancia de articular el conocimiento tecnológico, pedagógico y disciplinar para lograr una integración significativa. No se trata únicamente de utilizar plataformas digitales, sino de comprender cómo estas interactúan con los contenidos y con las estrategias didácticas. Este enfoque permite diseñar un aprendizaje, donde las herramientas digitales son utilizadas para aumentar la creatividad, el razonamiento o la autonomía del aprendizaje. Un ejemplo son herramientas como Miro, que permiten al alumno generar sus propios mapas mentales, siendo totalmente creativos, o Canva, para realizar sus propias presentaciones.
En definitiva, las TIC tienen la capacidad de enriquecer los procesos educativos, pero su impacto depende de cómo se implementen en el aula por parte del centro y del docente. Esta claro que en la sociedad en la que vivimos, la educación no puede apartarse de las tecnologías, pero hay que saber aprovechar de forma óptima todo su potencial.
Bibliografía utilizada
Mishra, P., & Koehler, M. J. (2006). Technological Pedagogical Content Knowledge: A framework for teacher knowledge. Teachers College Record, 108(6), 1017–1054.https://hdl.handle.net/20.500.12365/17687
Selwyn, N. (2016). Education and technology: Key issues and debates (2nd ed.). Routledge.https://dokumen.pub/download/education-and-technology-key-issues-and-debates-9781350145542-9781350145559-9781350145573-9781350145535.html
UNESCO. (2020). Education in a post-COVID world: Nine ideas for public action. UNESCO.https://en.unesco.org/sites/default/files/education_in_a_post-covid_world-nine_ideas_for_public_action.pdf